Recuerdo haber corrido por pasillos ansiosa hasta llegar al final en donde creí que sentiría la rafaga de viento en mi cara. Cuando cruce el puerta... paf! Solo calles un tanto desiertas
y el viento en vez de hacerme abrir los brazos y respirar hondo y con fuerzas, me remecio el cuerpo completo y me llenó de arena los ojos.