
Tres días en cuenta regresiva mirando desde un balcón el contraste del verdor y la aridez.
De pronto me vi hace cuatro meses atrás y una sonrrisa se asomó al verme en mi espejo, acá dentro.
Logré cerrar los ojos y sentir una caricia, abrirlos y ver mi reflejo y algo más en lo que se esconde en el color ambar;
sentir esas texturas que van de lo aspero y rudo a lo suave y frágil;
saborear cada momento sin dejar de pensar a ratos en todo (Sería mucho pedir si dejara de hacerlo.);
Oír mi voz saliendo en frases junto a una guitarra
y recordar temáticas que por pudor había guardado en algún rincón,
debajo del colchón para hacer como que no las encontraba;
Verme crecer. Un poco más grande cada día;
Oir que me extrañas, sentir que te extraño;
Encontrarme con las letras de esos días y ver cuanto ascienden las curvas de mis índices;
Llenarme de proyectos;
Sacarme los miedos;
dejar de callarme en esos momentos.
Llegó el verano. Miro a la derecha y luego a la izquierda y con quienes estan a cada uno de mis costados camino con un meneo fresco y picarezco, riendo y esperando lo que viene para disfrutar. Un verano amarillo y rosado al que le doy la bienvenida vestida igual que siempre, pero con la sonrrisa asomada esperando en la puerta para decir: "adelante".
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